La Busqueda de la Realidad

por pabguillen

Máster Ciencia Cognitiva y Lenguaje

 

Aparença i Realitat. La realitat dels Colors*

 

Dr. Josep L. Prades, UdG

 

 

 

DISCUSION SOBRE LA BÚSQUEDA DE LA REALIDAD

 

                                  Ing. Pablo Guillén Arroyo, UB      

 

 

 

Hela aquí: lo contrario de toda verdad es también verdadero. Me explico: una verdad sólo se puede enunciar y traducir en palabras cuando es unilateral. Y unilateral es todo cuanto puede concebirse con ideas y expresarse con palabras: es todo unilateral, todo mitad, todo desprovisto de totalidad, de redondez, de unidad.

 

HERMANN HESSE

Siddhartha

 

Introducción: La raíz del pensamiento, ser o no ser, vivir o morir.

 

Desde que el hombre cobró conciencia sobre su carácter de ser viviente, es válido suponer que también hizo conciencia sobre si mismo y su cualidad de ente pensante. A la vez, por producto de esta cualidad y su manera natural de conducirse al razonar sobre lo que muestra en apariencia la realidad, implicando a sus semejantes y a otros seres vivientes concebidos como no pensantes -a saber, animales y plantas-, se vio obligado ha reparar en lo contrario a este hecho, es decir, a su negación: la muerte, la nada, el vacío, el no ser, la no vida. De ahí el término ser y la reacción que conlleva a interrogantes, métodos y esquemas que buscaran satisfacer en totalidad las explicaciones necesarias sobre el término.

Es suficiente consultar en la historia y encontrar gran variedad de doctrinas, religiones, filósofos y disciplinas que emprendieron su ruta en esta “arcaica” actividad. George Steiner lo resume melancólicamente en el siguiente pasaje:

Ni siquiera en la lógica o delirio de los sueños podemos situarnos en una perspectiva fuera del pensamiento con el ser, en un arquimediano punto de apoyo desde el cual circunscribir o sopesar su sustancia. Nada, ni las más profundas exploraciones de la epistemología o de la neurofisiología, nos han llevado más allá de la identificación que debemos a Parménides. Este axioma sigue siendo a la vez la fuente y el límite de la filosofía occidental (Steiner, 2003, p. 12-13)

Irónicamente, hemos creado mecanismos y/o métodos que nos permiten conocer e interpretar de manera más precisa los fenómenos externos a nosotros, es decir, aquellos fenómenos que llamamos físicos en contraparte de aquellos fenómenos internos que llamamos mentales o psicológicos. La idea de que la ciencia es la única disciplina que es capaz de brindarnos descripciones verdaderas de los fenómenos de la realidad, puede deberse en parte, ha que explica los acontecimientos físicos que suceden en el mundo y predice hechos físicos futuros. No dejemos a un lado a la medicina que, cimentada por la doctrina científica – distinguida como la doctrina que sustenta la fe de la mayor parte de las personas de la “comunidad occidental” en la actualidad – nos conduce a creer que posee todos los remedios suficientes para sacarnos del apuro de una enfermedad y, más fuerte aún, alargar lo único de lo que tenemos certeza: la vida, es decir, huir de la muerte.[2] El problema de los valores de verdad sigue siendo discutido hasta la fecha y es objeto del riguroso estudio de la “necesidad lógica”. En palabras de Barry Stroud:

Aunque todo lo que digan sea verdadero y venga expresado en términos completamente “absolutos” y “no antropocéntricos”, lo que resulta más significativo es la comprensión que nos pueden aportar. Las ciencias físicas nos sirven para explicar porqué las cosas son como son y por qué ocurren en el mundo las cosas que ocurren. (Stroud, 2003, p. 138)

Sin embargo, esta noción absoluta sobre la realidad que -en términos de Stroud- la ciencia agota en lo físico, mantiene a la misma en uno de los principales lugares del juicio y la labor de la epistemología y permite abiertamente el seguir buscando respuestas a problemas de orden metafísico que se mantienen excluidos y otros que son naturalmente inexplicables por las descripciones físicas. Algunos de estos problemas son:

(1) La vida mental o psicológica:

(1.1) La percepción de las formas y los colores.

(1.2) El lenguaje y la intencionalidad

(1.3) Las representaciones mentales

(1.4) La conducta.

(2) La dualidad:. ¿Cómo es que se da el vínculo entre lo físico y lo mental?

(3) Las actitudes proposicionales, Por ej. conceptos como creer, desear y recordar.

(4) El concepto de probabilidad[3]

La tensión principal en la búsqueda de la realidad, en síntesis, se origina en las diferencias del uso del lenguaje (o descripciones) que se utilizan para explicar los hechos del mundo. Es evidente que todas y cada una de las disciplinas del conocimiento, elaboran nuevos términos -que implican esquemas específicos y una variedad de otros términos- en función de su necesidad explicativa de los hechos del mundo. Al final regresamos a la tesis de la normatividad o del uso del lenguaje de Wittgenstein, donde adjudica el origen de todos los problemas filosóficos a la interpretación incorrecta de los términos o expresiones lingüísticas. Por ejemplo, el término ‘macroeconomía’ implica una gran cantidad de descripciones y esquemas que, si hay alguien que pueda explicarlo e interpretarlo con la mayor precisión, lo más probable es que ese alguien sea un economista.

En el presente ensayo me basaré principalmente en el capítulo de “Explicaciones desenmascaradoras y la irrealidad del color” de Barry Stroud (Stroud, 2007) donde presenta una crítica a la propuesta de B. Williams en la búsqueda de una explicación aceptable y única sobre la realidad. La propuesta de Williams se resume en desmembrar y/o sustraer las creencias que representan al mundo tal y como es con independencia de nosotros. Una de las objeciones que Stroud sostiene es la siguiente:

[…] “nuestra concepción del mundo como objeto de creencias no hace sino repetir las creencias que usamos para representarlo” si sustraemos, por el contrario, todo contenido definido de nuestra concepción de “el mundo” y pensamos en él de forma puramente abstracta como “lo que todo sistema de creencias y representación trata de representar”, no tendremos una noción fija de “el mundo” con la que poder contrastar nuestras creencias actuales. (Stroud, 2003, p. 139)

  1. La explicación desenmascaradora y la irrealidad del color

 

Comenzaré con un pasaje de Stroud donde explica qué es lo que debería buscar una estrategia desenmascaradora de la realidad:

Llamaré explicación “desenmascaradora” a aquella que justifique la apariencia de algo o explique que creamos en esa apariencia sin tener que suponer que nuestra creencia es verdadera. Esta explicación revela que la base u origen de una creencia no está conectada con la verdad del modo adecuado y, por tanto, desenmascara o expone una creencia o apariencia como lo que es –una ilusión, una creencia falsa o una mera apariencia. (Stroud 2003, p.145)

El hecho de que la ciencia sea capaz de describir de manera más precisa los acontecimientos físicos, no implica necesariamente, que todas las tesis que sostiene como verdaderas sobre el mundo, sean de hecho verdaderas independientemente de nosotros.

Parece imprescindible revisar si realmente es posible hablar de una realidad que pueda ser explicada independientemente de nosotros mismos. Se puede diferenciar conceptualmente entre poder explicar lo que muestra la realidad externa a nosotros –lo físico y no mental- y, explicar la realidad independientemente de nosotros mismos, adjudicándole a la explicación científica los dotes y mecanismos suficientes que cumplan con dicha tarea. Simplemente me es inconcebible que exista doctrina alguna o paradigma alguno, del tipo que sea, que tenga acceso al mundo externo fuera del marco de comprensión compuesto por las características intrínsecas –implicando principalmente a la percepción y a la interpretación- que cualquier sujeto normal pueda tener.

Si pudiésemos explicar también nuestra aceptación de todo otro conocimiento cuyo contenido vaya más allá de la explicación estrictamente científica recurriendo sólo al hecho de que el mundo es como esa austera concepción científica dice que es, entonces habríamos demostrado que “el mundo” o “la realidad” no son sino lo que esta explicación científica afirma. Dado que no necesitaríamos nada más, nada más se aceptaría dentro del mundo. El mundo o la realidad “se mire como se mire” con independencia de nosotros vendría completamente dada por esa descripción científica y “absoluta”. (Stroud, 2003, p. 141)

La discusión sobre si podemos o no apelar a una visión “abstracta” de la realidad que Williams y Stroud parecen referirse a aquella que es expresada en términos o descripciones físicas, se suscita principalmente por la incapacidad de la ciencia -como también de la filosofía y la psicología- al explicar la naturaleza de las cualidades secundarias -los colores principalmente- de los objetos y, por tanto, replantear este fenómeno bajo la tesis denominada como ilusión de la percepción por parte de los sujetos. Incluso, podríamos hablar de ilusión perceptiva también para el caso de las propiedades primarias -solidez, extensión, movimiento y forma principalmente- de los objetos, lo que implicaría el tener que “redefinir” el término de ‘materia’[4]:

La suficiencia explicativa de la austera concepción científica es, por tanto, lo que conecta la idea del mundo tal y como lo describe la ciencia con la idea del mundo tal y como realmente es. […] Lo que revela que el color y otras cualidades “secundarias” sean meras “apariencias” y no formen parte de la “realidad” no es simplemente que no sean mencionadas en la austera explicación científica. Lo que importa es que no necesitamos pensar que los objetos tengan esas cualidades para explicar por qué el mundo se nos presenta del modo en que lo hace. (Stroud 2003, p. 141)

En el discurso filosófico -empezando desde la tradición clásica de cualidades primarias y secundarias- se le adscribirle a los objetos la naturaleza del color. Se insiste también que la ciencia no contempla los colores en su contenido explicativo. La diferencia es que en la física se le adscribe la naturaleza del color a la luz y no a los objetos. Claramente se explica en el fenómeno que en física llaman “dispersión”[5] de la luz.

Incluso en la física moderna, el fenómeno de los colores es indispensable para poder justificar la existencia del átomo y sus partículas elementales –protones, neutrones y electrones- como la unidad mínima de la materia. Hasta el día de hoy, el átomo continua determinándose como una suposición necesaria para cimentar el paradigma de las ciencias físicas. Los experimentos realizados para construir y justificar la supuesta estructura del átomo, consisten en revisar los datos del espectro de luz –los colores- que emiten, en su estado natural, cada uno de los elementos[6] que se conocen. El espectro de luz emitido por los objetos se explica en la física en base a la teoría cuántica, donde una de sus premisas fundamentales es la existencia del “fotón” que se describe como partícula mínima de energía luminosa que se transmite, se produce y se transforma. Paradójicamente, incluso los científicos tienen que servirse de la percepción e interpretación de sus experimentos, elaborar supuestos y nuevos términos y, así, poder sostener su paradigma. La evidencia que existe hasta hoy en día sobre el átomo puede servir para argumentar la posible ilusión perceptiva –en términos del sentido del tacto- sobre las cualidades primarias de los objetos –solidez, extensión, movimiento y forma- (Tippens, 2001, p. 834-835). Sino hay átomo sólido, entonces, no hay algo como materia y sus cualidades primarias y, por tanto, no hay objetos con los que podamos medir su peso, su movimiento, su desplazamiento o su longitud de la manera en que se realiza comúnmente.

Parece que los avances en la ciencia y la psicología[7] podrían orientarnos, en algún momento, a tener que contemplar a los sentidos como meras ilusiones, redeterminar el valor de verdad de los mismos o, simplemente, vernos obligados a redefinir en que consisten los sentidos en referencia con el mundo externo. La pregunta seguiría siendo: ¿Será posible explicar el mundo con independencia de nosotros mismos?

  1. El papel del lenguaje. Indispensable para la concepción -o construcción- de la Realidad

 

Los esquemas, descripciones y términos que se han elaborado en todas y cada una de las disciplinas, no son más que medios que permiten expresar, explicar o describir los  fenómenos aparentes de la realidad. Como he sostenido, me es difícil concebir una disciplina o una doctrina que pueda brindar descripciones o términos que den respuestas sobre la realidad independientemente de nosotros mismos. ¿No es evidente que en las matemáticas se ha requerido servirse de las características perceptivas para poder definir el concepto de unidad? ¿No es evidente que el símbolo ‘1’ o el término ‘uno’ son proyecciones abstractas de cualquier objeto percibido independiente de cualquier otro objeto; el símbolo ‘2’ o término ‘dos’ una proyección abstracta de la suma de un par de objetos percibidos independientes entre si y de cualquier otro objeto y el símbolo ‘0’ o término ‘cero’ una proyección abstracta de la ausencia de objeto alguno, del vacío o de la nada? ¿No es evidente que las ciencias físicas descartan hipótesis a partir de una metodología experimental que consiste en controlar un fenómeno tal y medirlo repetidas ocasiones sirviéndose de la percepción para llegar a conclusiones definidas por la interpretación de los datos de una comunidad de científicos?

Para llegar a creer razonablemente en un mundo exclusivamente físico, según estamos imaginando ahora, deberíamos ser capaces de entender la presencia en ese mundo puramente físico de cosas tales como percepciones, creencias y reacciones humanas. […] La totalidad compleja y rica de todas nuestras creencias y percepciones debería encajarse y explicarse dentro del mundo descrito solamente con los enunciados y la leyes de la ciencia física. (Stroud, 2003, p. 147)

Es conveniente reiterar que las ciencias físicas utilizan el lenguaje formal de las matemáticas para describir los acontecimientos físicos – aparentemente externos a nuestra mente-. Los símbolos numéricos y algebraicos utilizados en la física nos son más que abstracciones de las formas y los movimientos de objetos físicos en casos particulares reales o hipotéticos, brindando así, la facilidad de operar con ellos en base a axiomas y reglas estipuladas -atrás en la historia- por una convención entre sujetos. De manera metafórica, así como el escritor Fiodor M. Dostoyevski, hizo del uso del lenguaje natural para crear la novela de “Crimen y Castigo”, respetando el léxico y las reglas morfológicas y sintácticas, los físicos hacen del uso del lenguaje matemático respetando los axiomas y reglas convencionales para describir y crear hipótesis relevantes a los fenómenos físicos.

Claramente Stroud –entre otros-, ve la gran dificultad en el poder asemejar el lenguaje psicológico con el lenguaje físico. La dificultad en la visión de Stroud parece originarse al elaborar su crítica en referencia a la posición explicativa fisicalista sostenida principalmente en disciplinas como la psicofísica y la neurofisiología, donde se busca asimilar oraciones del tipo: <“Tuvo lugar el suceso físico P que, de hecho, es el mismo suceso que la visión de algo amarillo por parte de Jones”, pero eso no querría decir que los hechos físicos explicasen porque ocurrió ese suceso psicológico> (Stroud, 2003, p. 157) Normalmente el suceso físico P se vincula con la actividad del sistema nervioso –principalmente en el cerebro- que sucede en el mismo momento en que se da la percepción de algo amarillo por parte de Jones, pero no se explica cómo se origina la representación mental de la visión (o sensación) de algo amarillo por parte de Jones. Existen otras dos maneras de interpretar el suceso físico P. Una es desde la perspectiva conductista para el cual el suceso físico P se entendería como la serie de eventos observados por una tercera persona en el momento en que Jones ve algo amarillo y, la segunda, la explicación ficisista absoluta de describir el suceso físico P como una cadena causal al percibir Jones el objeto amarillo.

Visto el problema desde estas tres interpretaciones es comprensible la ininteligibilidad al buscar vincular las dos realidades –la mental y la física- que tradicionalmente se han entendido como de naturaleza distinta. Parece no haber otra salida que la propuesta por Stroud en la siguiente cita:

La única alternativa aparente sería una teoría más abarcadora que fuese más allá de los vocabularios físicos y psicológicos y consiguiese explicar de alguna manera las conexiones existentes entre ambas clases de fenómenos, pero nadie se imagina en que podría consistir semejante teoría. (Stroud 2003, p.164)

  1. Conclusión: Posibles alternativas

 

1

 

Claramente Stroud desconoce teoría alguna que abarque las dos realidades y explique los fenómenos paralelamente como teoría única y general. Pero en la disciplina de las ciencias cognitivas, en base de la psicología experimental y la inteligencia artificial, se ha propuesto una teoría que se origina a raíz de la metáfora del ordenador de A.M. Turing en los años cincuentas conocida como teoría de sistemas de símbolos físicos. Esta consiste a grandes rasgos en lo siguiente:

Como resultado nos encontramos en situación de definir un sistema de símbolos como una máquina universal[8], proponer luego la hipótesis de que este concepto de símbolos resultará adecuado para toda la actividad simbólica que nuestro universo físico es capaz de exhibir[9] y, en particular, adecuado para todas las actividades simbólicas de la mente. (Newell, 1980, p.54. Nota: el subrayado en cursivas es mío)

En síntesis, lo que se busca en la teoría de símbolos físicos, es elaborar un nuevo “lenguaje”, en base a símbolos, que logre capturar de manera “abstracta” todo lo que acontece en la realidad mental. Por ejemplo:

(1) El lenguaje y significado:

(1.1) La composicionalidad: creatividad, productividad, sistematicidad.

(1.2) El representacionalismo: intencionalidad y conducta.

Además, basándose en la hipótesis sobre la posibilidad de que la mente funcione bajo el esquema de símbolos físicos, se busca el continuar con el desarrollo de explicaciones que postulen una teoría sobre (1.1) y (1.2). Cabe aclarar que, para el desarrollo del proyecto de ciencias cognitivas, se toman en cuenta –y muchas de ellas se basan- en las teorías elaboradas en filosofía analítica sobre temas relacionados.

Por tanto, la proposición que surge en ciencias cognitivas sería la siguiente: si se lograra crear una teoría general satisfactoria que explique la realidad mental –con todo lo que implica- y, además, se pudiera representar dicha generalización de manera abstracta en base a la teoría de símbolos físicos, entonces, esta representación podría facilitar la explicación del vinculo con la realidad física –externa a nosotros- ya representada por la abstracción en las descripciones de las ciencias físicas.

Dicho así, parece que brinda la posibilidad también de resolver el problema de:

(2) La dualidad: El vínculo entre la realidad externa a nosotros –física- y la realidad interna a nosotros –mental-.

[…] representación y conocimiento. Ambos tienen un significado bastante claro dentro del concepto de sistemas de símbolos físicos, especialmente en la práctica de la inteligencia artificial; sin embargo, las teorías formales de estos conceptos son relativamente caóticas, y todavía existe poco acuerdo entre ellas. No obstante, es útil señalar el sentido de estas nociones, aunque sea brevemente.

Representación es, sencillamente, otro término para referirnos a una estructura que designa:

X representa Y, si X designa aspectos de Y; esto es, si existiesen procesos simbólicos que pueden tomar a X como entrada y comportarse como si tuviera acceso a algunos aspectos de Y.

La especificación de aspectos de Y, más que de tan sólo Y, simplemente refleja un uso del lenguaje en el que puede decirse que X representa un objeto complejo sin ser fiel (es decir, sin designar) a todos los aspectos de Y. (Newell, 1980, p.98).

Dentro del complejo y gran aparato que se busca construir en ciencias cognitivas se ha propuesto la tesis de un “transductor”[10], el cual sería el “puente” responsable de vincular las dos realidades. Esta postura es congruente con la propuesta de Stroud:

Las leyes o generalizaciones se ven como algo esencial a toda explicación y, dado que los hechos psicológicos no forman parte de una explicación puramente física, se nos presenta la necesidad de buscar leyes o generalizaciones que conecten los fenómenos físicos con los psicológicos. Estas leyes o generalizaciones “puente” podrían combinarse entonces con información puramente física para explicar hechos psicológicos. (Stroud 2003, p.162)

La propuesta de símbolos físicos brinda la posibilidad de construir “aquella teoría abarcadora que fuese más allá de los vocabularios psicológicos y físicos” -en expresión de Stroud-.

En resumen, la teoría generalizadora podría entenderse bajo el esquema siguiente:

– Realidad externa –física-: Descrita en expresiones algebraicas y signos numéricos –descripción abstracta-.

– Realidad interna –mental-: Descrita en expresiones del sistema de símbolos físicos utilizando signos numéricos –descripción abstracta-. Por ejemplo, el sistema binario que se utiliza en informática o cualquier otro.

Este esquema es hipotético y conlleva diferentes y complejas problemáticas –empezando con el contenido intencional-, pero, si se lograra expresar los fenómenos de naturaleza mental en expresiones numéricas, entonces, permitiría la posibilidad de simplificar la explicación sobre su vínculo con los fenómenos de naturaleza física –que ya se expresan con descripciones numéricas-.

2.

Tanto el lenguaje de las ciencias físicas –abstracto- como el lenguaje –natural- que se utiliza en psicología, tienen una manera distinta y particular de definir y explicar los fenómenos. En el caso de los colores: para el término ‘verde’, en las ciencias físicas, se utiliza la expresión equivalente a ‘longitud de onda de 555 nm[11]’. La diferencia radica en que la expresión abstracta, por tener propiedades cuantificables, puede utilizarse para explicar fenómenos físicos complejos y para desarrollar estimaciones -a priori-. A diferencia del término ‘verde’ donde se acostumbra utilizarse en psicología y filosofía para explicar, en base a un análisis semántico, fenómenos mentales internos en relación con los fenómenos físicos externos. La ciencia incluso a definido la expresión de ‘flujo luminoso’ que significa “la parte de la potencia radiante total emitida por una fuente de luz que es capaz de afectar el sentido de la vista” (Tippens, 2001, p. 740) y consiste en un intervalo expresado en términos de “longitud de onda” entre 400 y 700 nm.

Concibiendo a la percepción como el medio por el cual se da vínculo entre lo que muestra el mundo exterior –físico- y lo que se representa de él en nuestro mundo interior –mental-. Y concibiendo el color inherente a la luz y no a los objetos, parece necesario el trabajar con condicionales que utilicen combinaciones entre el vocabulario psicológico y el vocabulario físico.

Un ejemplo sería el siguiente:

(i) X es verde si y solo si los seres humanos normales en ciertas situaciones de percepción normales tienen percepciones (sensaciones) de verde al mirar X (Prades, 2008)[12].

Es posible replantearlo de la siguiente manera:

 

(i’) X será percibido (o evocará la sensación de) β por seres humanos con capacidades perceptivas normales Y si y solo si la luz emitida por X es de una potencia radiante total de longitud de onda de N al incidir en la retina de los ojos de Y .

 

‘X’ sería un objeto, ‘β’ un color, ‘Y’ un ser humano con capacidades perceptivas normales y ‘N’ una cantidad de longitud de onda.

En un caso específico quedaría de la siguiente manera:

El pimiento será percibido (o evocará la sensación de) verde por seres humanos con capacidades perceptivas normales Y si y solo si la luz emitida por el pimiento es de una potencia radiante total de longitud de de onda de 555 nm al incidir en la retina de los ojos de Y.

Aplicando la tesis de Wittgenstein sobre la normatividad y uso de los términos, y por tanto, considerando la dificultad que se muestra en el famoso ejemplo del espectro invertido en contra del lenguaje privado, independientemente de qué sensación de color cause el pimiento en sujeto Y; cualquier objeto que emita una luz con una potencia radiante total de longitud  de onda de 555 nm al incidir en la retina del ojo del sujeto Y, va a ser designado con el término ‘verde’ por cualquier sujeto con capacidades perceptivas y lingüisticas normales al percibir el color verde aparente del objeto en el que sea el caso.

Si pudiésemos averiguar que ese núcleo de verdades se basta por sí mismo para explicar porqué percibimos lo que percibimos y creemos todo lo que percibimos y creemos acerca del color de las cosas, veríamos que esas creencias no tendrían que ser verdaderas en primer lugar para que pudiésemos explicar cómo hemos llegado a tenerlas.

 

 

 

3.

 

Apelando a la primera cita de George Steiner presentada en la introducción de este ensayo, y haciendo una reflexión sobre el “conocimiento” que podamos encontrar en la historia de la humanidad; parece insostenible el que sigamos concibiendo algunas de las explicaciones existentes sobre el mundo externo a nosotros como independientes a nosotros. Quizá, si pudiéramos situarnos desde la única perspectiva que tenemos, a saber, la nuestra, la humana –con todas sus características-, podríamos eliminar muchas de las problemáticas o trabas filosóficas, científicas o del carácter que guste nombrarse; para poder así continuar buscando explicaciones sobre lo que parece nos intriga a más todos: nosotros mismos. Pues no tenemos más conocimiento que los descubrimientos y teorías que los hombres y las mujeres, a lo largo de su historia, han encontrado o elaborado. Cerraré con el siguiente pasaje de Stroud:

Aquello a lo que apelamos a la hora de explicar nuestras creencias y respuestas y, por tanto, lo que consideremos que forma parte del mundo, debe ser algo en lo que creamos. (Stroud, 2003, p. 145)

 

Bibliografía

 

  • Berckeley, George, Tres diálogos entre Hilas y Filonus, Madrid, Alianza, 1990.
  • Fodor, J. A., Conceptos, Gedisa Editorial, 1999
  • Garcia – Albea, José E., Anuario de Psicología, vol.34, n°4, Fodor y la modularidad de la mente (veinte años después), Universitat de Barcelona, Facultad de Psicología, diciembre 2003.
  • Leford, E & Pylyshyn, Z., What in Cognitive Science?, Oxford: Blackwell, 1999
  • Locke, John, Ensayo sobre el entendimiento humano, México, Fondo de Cultura Económica, 1999.
  • Newell, A., Cognitive Science, Physycal Symbol System, Vol. 4, 1980
  • Prades, Josep L., Notas de clase: Aparença i Realitat. La Realitat dels Colors, Universitat de Girona, 2008.
  • Rucker, Rudy, Infinity and the mind, Princeton University Press, 2005
  • Rumelhart, David E., Foundations of Cognitive Science, MIT Press, M.I. Posner, 1989.
  • Steiner, George, Diez (posibles) rezones para la tristeza del pensamiento, Siruela, 2007.
  • Stroud, Barry, La búsqueda de la realidad: el subjetivismo y la metafísica del color (síntesis), Madrid, 3003.
  • Tippens, Paul E. Física conceptos y aplicaciones, McGraw-Hill, México, 2001.
  • Turing A. M., Mind vol.59, Computing machinery and intelligence, 1959
  • Wittgenstein, Ludwing, Investigacions Filosòfiques, edición 62, A Companion to epistemology, 1997, Oxford Blackwell.
  • Z. Pylyshyn, Computation and Cognition, MIT Press, 1984

* El curso fue impartido en catalán

[2] El tema de “huir” de la muerte, a mi juicio, es indispensable en el análisis sobre el contenido intencional en casos básicos e, incluso es posible que también, para casos en niveles más altos. Forma parte del carácter instintivo del sujeto. Josep L. Pradres propone los siguiente: “El papel dialéctico de la apelación a la expresión: el adversario de Wittgenstein asume que cualquier explicación del lenguaje “infradetermina” lo que quiere decir. Eso supone que siempre es posible que esté determinado que nos quieren decir alguna cosa, sin que esté determinado que nos quieren decir. Eso es exactamente lo que no pasa en las expresiones básicas de intencionalidad. En casos básicos, no es posible ver que un agente huye sin ver de que huye!!! La relación con el medio determina el objeto intencional. Por supuesto no tenemos razón alguna para agrupar bajo el mismo tipo las diferentes formas de conducta de huida. Reaccionan sin razón. Sin embargo, y este es el punto crucial, en el caso de las manifestaciones básicas de intencionalidad no tenemos alternativa: quien no identifica el objeto intencional en casos básicos simplemente no puede tener conceptos intencionales. Es ciego en frente de la intencionalidad.” (Prades, La intencionalitat i el carácter extern de la ment, 2008, p.4. Nota: La cita original es en catalán y la traducción es mía)  No abordaré a profundidad este tema en el ensayo, simplemente pretendo recalcarlo como punto indispensable para el análisis de la intencionalidad visto en el curso.

[3] Sí la predicción de los fenómenos se basa en estipulaciones numéricas de probabilidad, siempre habrá un margen (o porcentaje) que la descripción científica no logra abarcar sobre el fenómeno y, por tanto, no se podría hablar de un hecho verdadero. Por ejemplo, el pronóstico del tiempo. La doctrina científica con sus descripciones cuantitativas utiliza este concepto “estadístico” para predecir también fenómenos económicos y sociales, siendo los mismos, fenómenos que necesariamente implican al sujeto. Por ejemplo, la “bolsa de valores” y  la la “mercadotecnia”. Pienso que no es arriesgado suponer que parte del porcentaje de “no-probabilidad” en las predicciones se deba al enigma de los problemas (1), (2) y (3). “El proyecto de Williams necesita hacer buenas explicaciones desenmascaradoras de muchas creencias ordinarias, en las cuales los explanandas han de estar formados por descripciones físicas. Y se supone que estas explicaciones han de ser las mayores explicaciones, las últimas, del hecho que nos formen ciertas creencias. No es posible hacer una buena explicación física de un hecho económico o psicológico.”(Prades, 2008, Nota: La cita original es en catalán y la traducción es mía)

[4] La discusión sobre la naturaleza de la materia no es novedad solamente en filosofía como se discute en los Tres diálogos entre Hilas y Filonus de George Berckeley. Sino que también en la disciplina de la física fue necesario redefinir el término ‘materia’ después de la publicación de los trabajos sobre relatividad de Einstein. “Antes de Einstein, los físicos siempre habían considerado a la masa y a la energía como cantidades separadas entre sí, que era preciso conservar en forma independiente. En la actualidad la masa y la energía deben considerarse como diferentes maneras de expresar la misma cantidad. Si decimos que la masa se convierte en energía y la energía en masa, debemos reconocer que la masa y la energía se refieren a lo mismo, pero expresado en diferentes unidades.” (Tippens, 2001, p. 841) Nota: el término ‘masa’ en física se define cómo cantidad mesurable de materia.

[5] “Dispersión es la separación de la luz en las longitudes de onda que las componen” (Tippens, 2001, p. 780). Dependiendo de la longitud de onda se perciben las diferentes tonalidades de colores en que se compone la luz blanca –por ejemplo, la luz que emite el sol-.

[6] Los elementos son aquellos materiales que se conocen en la tierra y que están estipulados en la tabla periódica. Por ejemplo el hidrógenos, el hierro, etc.

[7] Abordare este tema más adelante.

[8] La Ciencia Cognitiva –en parte- se basa en un paradigma científico, no solamente a nivel teórico, sino que se ayuda de aplicaciones tecnológicas para corroborar sus hipótesis: se refiere a ‘máquina universal’ a un simulador que opere en base a un sistema de símbolos físicos discreto.

[9] Newell utiliza para referirse a la realidad externa –física- la expresión “nuestro universo físico es capaz de exhibir”. La expresión podría interpretarse también en el siguiente sentido: lo que el mundo externo aparenta mostrar. Simplemente lo recalco para aclarar la postura de Newell respecto a  la posibilidad de explicar el mundo externo independientemente de nosotros mismos.

[10] Es un tema que tendría que ser abordado independientemente. Lo importante es enfatizar que existen teorías alternativas sofisticadas que buscan resolver los problemas que el proyecto filosófico reconoce.

[11] ‘nm’ es la abreviatura para el término cuantitativo de longitud:  nanómetro, equivalente a la millonésima parte del metro en el sistema internacional de mediciones.

[12] Se sustituyó en el bicondicional original el término ‘amarillo’ por el término ‘verde’ para coincidir con la explicación del párrafo anterior. Notal: el bicondicional original es en catalán, la traducción es mia.

Anuncios